
La ceremonia se realizó en Zapopan bajo un operativo de seguridad reforzado. Entre arreglos monumentales y coronas sin remitente visible, la pieza floral con forma de gallo destacó por su tamaño y diseño. Analistas señalan que estos símbolos funcionan como códigos internos y también como mensajes hacia el exterior, especialmente en contextos donde la imagen y el poder se construyen a través de narrativas visuales.
Más allá del acto fúnebre, el episodio reaviva el debate sobre la permanencia de la simbología criminal en el espacio público. La exhibición de emblemas asociados a figuras del narcotráfico suele dividir opiniones: para algunos es una manifestación cultural; para otros, una forma de normalización que perpetúa referentes de violencia.